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Familias del narco evolucionan: los juniors, gerenciales y menos violentos, asumen el control

- julio 31, 2018
Así como en su juventud los hermanos Arellano Félix salieron del prototipo de los narcotraficantes de la época, hoy los hijos de los narcos de diferentes grupos criminales son más ejecutivos. Unos, metidos al negocio ilícito, lideran facciones de los cárteles en la parte operativa o financiera. Y otros, presos en penales del país o en el extranjero, aguardan el momento de recuperar su libertad.

Autoridades mexicanas y estadounidenses tienen ubicados con nombres y apellidos por lo menos a una veintena de descendientes de los capos de la droga más famosos de México y les dan seguimiento. Algunos de ellos, incluyendo mujeres, ya están boletinados en la lista de cabecillas del narcotráfico del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y se ha impedido a los norteamericanos realizar con ellos transacciones de negocios.

Hoy, esos y esas jóvenes son la continuidad de décadas de trasiego de estupefacientes, el control de territorios, sobre todo de actividades vinculadas con el blanqueo de capitales. Para ello, por iniciativa propia o a instancia de sus padres, algunos costearon carreras universitarias en México o en el extranjero.

Los hijos de Rubén y/o Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”, líder visible del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), y uno de los vástagos de Alfredo Beltrán Leyva “El Mochomo”, ex miembro del Cártel de Sinaloa y a la postre del Cártel Beltrán Leyva, son claro ejemplo de la “especialización” del narco. Sus hijos estudiaron en el extranjero carreras relacionadas con Negocios Internacionales.

Para desgracia de sus organizaciones, Rubén Oseguera González “El Menchito” y Jesús Alfredo Beltrán Guzmán “El Mochomito” están tras las rejas, luego que manejaran importantes negociaciones con cárteles colombianos y bolivianos, según la Procuraduría General de la República (PGR).

De los hijos de los hermanos Arellano Félix que lideran el cártel en esta frontera, Zeta ha informado la identificación de por lo menos tres jóvenes herederos que comandan las acciones desde 2014. Y aunque ya se cuenta con sus nombres, todavía falta conocer sus rostros y su palmarés delictivo.

A quienes les ha ido bien es a los hijos del desaparecido traficante sinaloense Juan José Esparragoza Moreno “El Azul”, pues si bien dos de ellos han sido apresados, uno se fugó de prisión el año próximo pasado y otro libró un juicio de extinción de dominio que le privaría legalmente de un millón de pesos y 131 mil dólares americanos que le fueron asegurados a su captura. A otra de las hijas le fue concedido un amparo para que se descongele y haga libre uso de su cuenta bancaria, tras ser indiciada por lavado de dinero.

Por su parte, los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, ex líder del Cártel de Sinaloa, “desaparecieron” o hacen menos gala de protagonismo después que estuvieran en una franca guerra por control territorial y de trasiego de drogas con la organización disidente que manejaban Dámaso López Núñez “El Licenciado” y su hijo “El Mini Lic”, hoy presos en Estados Unidos.

Los descendientes del capo Rafael Caro Quintero siguen manejándose con un bajo perfil, sin meterse en líos legales, más allá de que el Departamento del Tesoro los puso en el ojo del huracán en junio de 2013 al señalarlos de operar actividades de lavado de dinero. En México se les investigó y se aseguraron cuentas bancarias de diversas empresas, pero a más de cinco años, abogados han ganado litigios y no se ha judicializado la averiguación previa del asunto. Se trata de hombres y mujeres de negocios inmobiliarios.

De los hijos del narcotraficante Ismael “Mayo” Zambada (nunca detenido), dos de ellos purgan condenas en la Unión Americana, mientras que un tercero se halla internado en el penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, en espera de ser extraditado al vecino país del norte y enjuiciado dentro del mismo expediente que sus medios hermanos.

Otros personajes, hijos de líderes de organizaciones criminales, como la de Amado Carrillo Fuentes “El Señor de los Cielos”, ya recuperaron su libertad luego de pasarla mal durante nueve años en encierro, pagar condenas y, en otros casos, no probarse su responsabilidad penal. En cambio, de la prole de Javier Torres Félix “El JT”, dos de sus juniors están encarcelados.

LOS BENJAMINES

El tiempo sigue su curso y aunque ya están identificados por nombres, tres de los hijos de los hermanos Benjamín y Javier Arellano Félix, siguen siendo un misterio para las autoridades, pues a la fecha no se conocen sus rostros y pocos son los datos que de ellos se han obtenido. A uno le apodan “El Piloto” y es el presunto mandamás del Cártel Arellano Félix (CAF).

Informes de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) de la PGR, ubican a los nuevos narcos como Fabián Arellano Corona y Benjamín Francisco Arellano Serrano, hijos de Benjamín Alberto Arellano Félix; así como a Javier Benjamín Briseño Arellano, presunto hijo de Javier “El Tigrillo” Arellano.

Los bautizados como “Los Benjamines” tienen entre 20 y 27 años de edad. Al parecer criados en Estados Unidos, donde sus padres decidieron alejarlos de cualquier posible atentado en su infancia y adolescencia. Igual sucedió con muchos de sus primos hermanos, de los que no se tienen datos de una posible incursión en la delincuencia y cuentan con estancia legal en aquel país.

Autoridades de ambos lados de la frontera han incluido en el organigrama del cártel a los chicos Arellano. Los ponen al lado de otros de sus familiares. De ellos presuponen que Fabián es “El Piloto”, pero no se tiene certeza hasta ahora. El sobrenombre comenzó a sonar en el bajo mundo del crimen a raíz de la detención de su primo Fernando Sánchez Arellano “El Ingeniero” en 2014.

De hecho, la PGR y la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) tienen identificados a cada uno de los hijos de los hermanos y hermanas Arellano Félix. Los que viven brincando el muro, los de Baja California y los que nunca han salido de Culiacán, Sinaloa, medios hermanos de “El Ingeniero”, de apellidos Zamora Arellano. Hay varias jovencitas que por el momento no despiertan sospechas de su relación con los negocios ilícitos de sus padres. Son hijas del fallecido Ramón, de Benjamín y de Javier Arellano.

Los descendientes del finado Francisco Rafael Arellano “La Pancha” o “El Frank” se han mantenido a distancia. También hicieron su vida en Estados Unidos. Ajenos a todo suceso en México, como lo explicó a ZETA uno de sus abogados hace un par de años, cuando surgió una controversia por la disputa legal de los bienes del hombre asesinado en octubre de 2013 en Los Cabos, Baja California Sur, por un sicario disfrazado de payaso.

“MENCHITO” Y JOHANNA

Los hijos de Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”, líder del CJNG, están catalogados por autoridades como “piezas clave” en la estructura del conglomerado delictivo. A su corta edad, Rubén “El Menchito” y Jessica Johanna Oseguera González iniciaron en el manejo de negocios y la red de vínculos para el lavado de dinero.

En 2014, a sus entonces 25 años de edad, el varón, con estudios de Comercio Internacional, ya era considerado por la PGR como el segundo de la organización, solo por detrás de su padre. En averiguaciones previas, testigos y miembros del clan declararon la jerarquía del “Menchito”, de quien recibían órdenes y lo señalan como negociador directo con cárteles sudamericanos para el trasiego de droga hacia México.

Rubén ha sido detenido en cuatro ocasiones y liberado otras tres, aunque de forma efímera. Actualmente continúa preso en el Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) Número 13 de Oaxaca, luego que parecía recuperar su libertad al librar diversos procesos por delincuencia organizada, lavado de dinero y portación de arma de fuego de uso exclusivo del Ejército, entre otros. Sin embargo, hace un par de semanas le fue negado un amparo que prácticamente le pondría en la calle.

El cargo que mantiene al hijo del “Mencho” en la cárcel es el de operaciones con recursos de procedencia ilícita, puesto que una investigación ministerial realizada en julio de 2015 -por denuncia promovida por la Secretaría de Hacienda- puso en evidencia que en abril de 2012, el muchacho adquirió un vehículo Chevrolet Corvette ZR1 Centennial modelo 2012, dos puertas, color carbón zolder con ebony, con valor comercial de un millón 660 mil pesos.

El lujoso deportivo fue adquirido por Rubén, de entonces de 22 años, al efectuar una transferencia interbancaria de una de sus cuentas por la suma de un millón 400 mil pesos. El resto lo pagó de diversas maneras. Sin embargo, Hacienda indagó que Oseguera hijo tuvo movimientos bancarios en el periodo del 1 de enero de 2010 al 30 de abril de 2015, por 4 millones 497 mil 722 pesos con 20 centavos en depósitos, y de 4 millones 277 mil 761 pesos con 83 centavos en retiros bancarios.

Para conocer el origen del dinero, las autoridades hacendarias solicitaron a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores el soporte documental de los movimientos del cuentahabiente para cotejarlos con posibles declaraciones de ingresos.

A su última captura, en declaración ministerial rendida el 24 de junio de 2015, “El Menchito” dijo en cuanto a su ocupación, ser “(…) empleado cuidador de un rancho de caballos de carreras en Perris, California, Estados Unidos, con ingresos aproximados de cuatrocientos dólares a la semana, con tres dependientes en lo económico (…)”. Obvio que la versión resulta inverosímil, según consideran el Ministerio Público Federal y el juez de la causa penal.

Por su parte, Jessica Johanna Oseguera González, quien dirige los restaurantes de comida japonesa Mizu Sushi en Zapopan y Puerto Vallarta, Jalisco, es considerada como el cerebro del marketing del cártel y forma parte del grupo de mujeres que se convirtieron en el alma de las empresas, a través de las cuales los recursos financieros de procedencia ilícita se convierten en dinero “legal”.

Autoridades federales estuvieron a punto de detenerla el sábado 26 de mayo de este año, cuando aprehendieron a su madre, Rosalinda González Valencia, esposa del “Mencho” y hermana de los narcos michoacanos apodados “Los Cuinis”. Los agentes llevaban órdenes de aprehensión en mano, expedidas tres días antes por un juez de Distrito, en contra de Rosalinda y de Johanna, pero esta última ya se había retirado del lado de su progenitora cuando habían ido de compras a Plaza Andares en Zapopan. Ambas son imputadas por el delito de delincuencia organizada en la hipótesis de realizar operaciones con recursos de procedencia ilícita. Sigue prófuga.

“EL MOCHOMITO”

Otro joven recluido en un penal y calificado de relevante, tanto en su personalidad como en lo que aportaba a su organización criminal, es Jesús Alfredo Beltrán Guzmán, hijo de Alfredo Beltrán Leyva “El Mochomo” y sobrino de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Actualmente se encuentra preso en el penal estatal de Puente Grande, llamado Reclusorio Metropolitano.

Desde el 9 de diciembre de 2016, fecha en que fue privado de la libertad por agentes federales y militares, “El Mochomito” ha promovido diversos juicios de amparo para evitar ser trasladado a una institución carcelaria de máxima seguridad, como podría ser el Cefereso Número 2 “Occidente”, a escasos 250 metros de su actual presidio.

De la imagen de jovencito flaco, de cabello con rayos dorados, poco queda. En el nuevo penal de Puente Grande, donde está clasificado como recluso de “seguimiento especial”, el interno ahora se parece mucho al padre, pues ha embarnecido y está barbado, aprovechando que la institución no cuenta con reglamento desde que fue inaugurada en febrero de 2013, y pese a ello, fue certificada internacionalmente por la Asociación Americana de Prisiones (ACA, por sus siglas en inglés) en 2016.

Sus cuidadores califican a Jesús Alfredo como un tipo muy inteligente, que sale del estereotipo de los hijos de los narcotraficantes, ya que estudió Negocios Internacionales en Europa -sin precisar el país- y no guarda el tiple en la voz de la gente de Sinaloa o Durango, de donde es oriunda su familia.

A la fecha, el centro penitenciario no tiene incidencias negativas del recluso y se sabe que ha guardado buen comportamiento, aunque las autoridades no se confían y por ello le siguen sus pasos todos los días. Los abogados del muchacho, Óscar Pulido Díaz, Alejandro Pérez Torres y María Raquel Delgado, uno de ellos de Nuevo León y la última de Jalisco, están al pendiente de que su cliente no sea trasladado a otra prisión, pues al parecer ahí está “a gusto”.

Y es que a pesar de esa aparente mansedumbre, la autoridad sabe que el día de su detención, cuando salía de una barbería, Beltrán Guzmán y sus cuatro colaboradores portaban armas de fuego, drogas y una granada de fragmentación. Sus escoltas, todos jóvenes, eran también universitarios en su mayoría. Uno de ellos estudiaba Criminología.

LOS HIJOS DE ZAMBADA

La adversidad alcanzó en los últimos años a tres de los vástagos del capo Ismael “El Mayo” Zambada García. Primero cayó en manos de la autoridad Vicente Zambada Niebla “El Vicentillo”, el 18 de marzo de 2009 en ciudad de México; después, Serafín Zambada Ortiz, el 21 de noviembre de 2013, en Arizona; y finalmente, Ismael Zambada Imperial “El Mayito Gordo”, el 13 de noviembre de 2014 en Sinaloa.

En el caso de “Vicentillo”, de 43 años hoy día, se declaró culpable de los cargos que le imputan en la Unión Americana, adonde fue extraditado en febrero de 2010 y se convirtió en colaborador de ese país. Sus abogados aseguran que en diciembre próximo se le dictará sentencia en una Corte de Distrito en Chicago, Illinois, por conspirar para poseer y traficar drogas desde Centro y Sudamérica, así como conseguir armas para atacar oficinas públicas.

Zambada Niebla aceptó en 2013 ser responsable de la distribución de toneladas de cocaína entre los años 2005 y 2008, procedente de Centro y Sudamérica, que luego fue trasladada a Estados Unidos por barco, aviones, submarinos, tren, camiones y automóviles. Podría dictársele una pena menor a diez años, así como una multa de 4 millones de dólares.

Por lo que ve a Serafín, el menor de los hijos de “El Mayo”, recuperará su libertad en septiembre próximo de una cárcel en Estados Unidos, luego que la Corte Federal de San Diego, California, le dictó una sentencia de 66 meses, los cuales transcurren desde su arresto en la Garita Internacional de Nogales, entre Sonora y Arizona, según explicó su abogado defensor Saji Vettiyil.

“El Seráfo”, que gustaba de exhibir sus excentricidades a través de redes sociales, podría ser sentenciado a penas desde diez años de prisión hasta cadena perpetua, pero al declararse culpable de conspirar para traficar 100 kilogramos de cocaína y mil kilogramos de marihuana hacia Estados Unidos, país de donde es ciudadano, alcanzó beneficios de la Ley.

El otro Zambada, “El Mayito Gordo”, se encuentra a la espera de ser extraditado al vecino país del norte luego que en noviembre de 2015, la Secretaría de Relaciones Exteriores declaró procedente su entrega para ser juzgado por delitos de conspiración e introducción ilegal de marihuana, cocaína y metanfetaminas por la frontera de Tijuana hacia California y la Costa Este de Estados Unidos. Está preso en el Cefereso 2, donde sus demandas de amparo para recibir atención médica son constantes.

LOS ESPARRAGOZA

Los herederos de Juan José Esparragoza “El Azul” han caído en desgracia por las acciones de autoridades, pero han sabido sortear obstáculos legales y siguen adelante, unos libres, otros presos. Del padre es de quien no se sabe nada, luego que en junio de 2014 se anunció su supuesta muerte, derivada de una caída en el hogar en Zapopan, Jalisco.

A la primera que le llegó la reacción oficial fue a Nadia Patricia Esparragoza Gastélum. A la hija del “Azul” le fue asegurada su cuenta bancaria de Banorte, sucursal Plaza del Sol, en Zapopan, el 24 de abril de 2013. La Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda detectó que la fémina realizó operaciones relevantes, inusuales y preocupantes en el ámbito financiero y ordenó investigarle, junto con sus familiares, con quienes formó parte de la lista que emite la Oficina de Control de Bienes Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

Las transacciones hechas presuntamente por Nadia Patricia se habrían efectuado con la complicidad de un funcionario bancario. Los movimientos reportados en un breve periodo fueron por cantidades iguales o superiores a 79 millones 454 mil 840 pesos con 42 centavos. En la cuenta de Esparragoza Gastélum aún había poco más de 219 mil 400 pesos cuando fue asegurada por la Comisión nacional Bancaria y de Valores.

Sin embargo, a través de amparos, la mujer ha conseguido en dos ocasiones revertir el congelamiento de sus recursos y no contar todavía con orden de aprehensión. La protección constitucional más reciente le fue otorgada el 25 de enero de 2018. En la investigación estarían inmiscuidos su madre y sus hermanos, Brenda Guadalupe, Christian Iván y Juan Ignacio Esparragoza Gastélum.

Los que fueron detenidos fueron los homónimos de su padre, los dos Juan José. Primero cayó Esparragoza Jiménez “El Cora”, oriundo de Nayarit. En abril de 2014 le detuvieron en Culiacán, Sinaloa, por delitos contra la salud, en la modalidad de posesión simple de marihuana. Le aseguraron un millón 15 mil 800 pesos y 131 mil 344 dólares en efectivo, dinero que fue sometido a un juicio de extinción de dominio ante un juez. Este año se declaró improcedente la acción impulsada por la PGR, aunque se encuentra en apelación. “El Cora” sigue detenido en el Cefereso Número 13 de Oaxaca.

El otro Juan José, Esparragoza Monzón, fue capturado a inicios de 2017 en Sinaloa, pero su encierro no duró mucho, pues luego de una fiesta de despedida, el 17 de marzo, se fugó del penal de Aguaruto, en Culiacán, junto con otros presuntos miembros del Cártel de Sinaloa. Desde entonces nada se sabe del “Negro”, quien se valió del apoyo del personal de seguridad penitenciaria.

EL HIJO DE AMADO CARRILLO

Uno de los que ya salió de la cárcel este año, es Vicente Carrillo Leyva, hijo del fallecido capo de las drogas Amado Carrillo Fuentes “El Señor de los Cielos”. Estuvo prisionero desde el primero de abril de 2009 cuando le atraparon en un parque cercano a su domicilio en Bosques de las Lomas en Ciudad de México, hasta el 12 de junio último, cuando se abrieron las rejas del Cefereso de Puente Grande para regresarle la libertad.

El junior cumplió una condena de siete años y seis meses de prisión por el delito de lavado de dinero y fue absuelto por delincuencia organizada. También llegó a ser sentenciado a tres años de cárcel por uso de credencial de elector falsa, pero mediante un amparo directo que le fue concedido, anuló dicha pena.

La credencial para votar estaba a nombre de Alejandro Peralta Álvarez, alias adoptado por Vicente para ocultar su verdadera identidad. Y es que en su declaración preparatoria ante el juez federal, el apodado “El Ingeniero” dijo que “a raíz de los hechos que usted me ha leído tuve que cambiar mi vida y dejar de estudiar porque fui perseguido y acosado por las corporaciones policíacas y nunca pude seguir estudiando.

“También me obligaron a cambiar de nombre para poder llevar una vida lo más normal posible, ya que al presentarme con mi verdadero nombre se me negaba la entrada a instituciones de estudios y de trabajo, obligándome así a cambiar mi identidad para poder trabajar y sostener mi persona y mi familia”, detalló el hombre.

LOS CHAPITOS

Los hijos del narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán también son muy conocidos. Desde los que nacieron y viven en Guadalajara; los originarios de Compostela, Nayarit; los de Culiacán, Sinaloa; y una autonombrada “hija” que habita en Estados Unidos. Algunos ya han probado la dureza de la prisión, otros son mencionados por autoridades, no así perseguidos.

El primero en ser identificado hace casi veinte años fue César, el hijo mayor de Guzmán, en la “Perla Tapatía”. El muchacho de apenas 20 años de edad fue detenido por policías de Zapopan por circular en una camioneta ostentosa y que contaba con blindaje. Tras ser trasladado a las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia de Jalisco y de no hallar delito que perseguir, le ofrecieron disculpas y le dejaron ir.

Después, en el mismo municipio, fue detenido el 13 de febrero de 2005 Archivaldo Iván Guzmán Salazar “El Chapito”, de 21 años, quien viajaba con otros dos jóvenes armados en una camioneta BMW X-5 modelo 2004, color cereza. Fue encarcelado en el penal “Altiplano” y juzgado por delitos contra la salud, lavado de dinero y el homicidio de una mujer canadiense. Luego de más de tres años en el penal federal fue exonerado, recuperando su libertad.

Jesús Alfredo Guzmán Salazar “El Alfredillo” o “El Gordo” también fue señalado por la PGR, pero no prosperaron las órdenes de aprehensión solicitadas por un fiscal en contra de él, de su madre María Alejandrina Salazar Hernández y de otros familiares.

Alejandrina Giselle, hermana de “Los Chapitos”, fue detenida el 12 de octubre de 2012, cuando intentaba cruzar la frontera en San Diego, California, identificándose con una visa ajena. La mujer tenía siete meses de embarazo y pretendía dar a luz en la Unión Americana. Al aceptar su responsabilidad llegó a un acuerdo con autoridades estadounidenses y fue liberada en diciembre siguiente. Fue deportada a México.

Todos ellos, junto con Ovidio Guzmán López, también hijo de “El Chapo”, han sido vetados para ingresar a territorio estadounidense. El ex líder del Cártel de Sinaloa cuenta con más hijos, entre ellos un par de apellidos Guzmán Peña, de Nayarit, y Rosa Isela Guzmán Ortiz, quien asegura ser descendiente del sinaloense y vive al otro lado.

LOS CARO QUINTERO

Más de cinco años han pasado desde que la Oficina de Control de Activos (OFAC, por sus siglas en inglés) puso en la lista negra de bienes del narco los manejados por los hijos de Rafael Caro Quintero, sin que nada suceda en definitiva. La presión de los norteamericanos influyó para que el gobierno mexicano actuara en consecuencia. El Ministerio Público Federal ordenó el aseguramiento de 19 cuentas bancarias pertenecientes a 16 empresas y personas físicas de familiares y socios de los hijos de “Rafa”.

Autoridades hacendarias informaron a la PGR que los señalados, de apellidos Caro Elenes (Héctor Rafael, Roxana Elizabeth, Henoch Emilio y Mario Yibrán), habrían realizado movimientos bancarios a través de terceros por más de 130 millones de pesos en el periodo comprendido entre 2012 y 2013.

A la fecha, algunas de las compañías investigadas que sufrieron del congelamiento y/o aseguramiento de sus cuentas bancarias, todas en la Zona Metropolitana de Guadalajara, obtuvieron fallos favorables en juicios de amparo interpuestos para el levantamiento de la medida precautoria.

Defensores y amigos que los Caro Elenes aseguran que siempre se han manifestado ajenos a las actividades ilícitas que se imputaron a su padre y también tuvieron que luchar en instituciones educativas como la Universidad Autónoma de Guadalajara o el TEC de Monterrey, contra el estigma de ser hijos de un capo, por cierto, liberado de prisión el 9 de agosto de 2013.

OTROS NARCOJUNIORS

Los vástagos de Javier Torres Félix “El JT”, uno de los hombres de mayor confianza que tuvo Ismael “El Mayo” Zambada y actualmente preso en “Altiplano”, tras una extradición temporal que le mantuvo en Estados Unidos, también son señalados de participar en actividades ilícitas, al grado que hoy están internados en diversas cárceles.

Se trata de Misael Torres Urrea “El M-2”, quien era síndico en funciones en el municipio de Cosalá, Sinaloa, cuando fue detenido el 1 de octubre de 2014 en el fraccionamiento residencial Camino Real en Culiacán, acusado de proteger al narcotraficante Ismael Zambada. Desde entonces se encuentra en el penal de máxima seguridad de Puente Grande.

A principios de octubre de 2017 fue capturado otro hermano de Misael, Jesús Javier Torres Félix, tras una persecución y balacera sobre la carretera Culiacán-Mazatlán. En una camioneta Toyota RAV4, el individuo y sus cuatro acompañantes llevaban cuatro fusiles AK-47, un M-16, todos con aditamento lanzagranadas, una granada calibre 40 y más de 200 cartuchos útiles de diferentes calibres.

Con información de ZETA
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